PROYECTOS MOVILIZADORES PARA UN MUNDO MEJOR

Según las leyes de la física, en este caso, el principio de inercia, todo objeto material tiende a mantener el estado de movimiento en el que se encuentra en ese momento. Si está quieto, se mantendrá en ese estado; si está en movimiento, seguirá en ese estado también, salvo que una fuerza externa lo mueva o le cambie el rumbo o la trayectoria por la cual se dirigía.

Lo mismo suele suceder en cuanto a lo espiritual, en nuestro caminar de todos los días. Salvo que algo, alguien, o algún acontecimiento nos movilice, muchas veces, permanecemos en una rutina que puede ser dañina para nuestro crecimiento espiritual y el de los que nos rodean.

Todos, de una forma u otra, hemos experimentado estas realidades en nuestro quehacer diario.

Ocurre que, en algún momento, a alguno de nosotros se nos ocurre una idea, elaboramos un proyecto, tratamos de ponerlo en práctica y empezamos a convocar a los más allegados, la familia, los amigos, a fin de hacerles ver lo importante que es para el bien del prójimo.

Por supuesto, no siempre nos encontraremos con la respuesta esperada. Ya sabemos que no todos tienen el mismo llamado, la misma vocación, como también, no todos responden.

Pero, tarde o temprano, en la medida en que vayamos avanzando (“navegando mar adentro”) con nuestra idea, con nuestro proyecto, muchas veces nos vamos a encontrar que, desde los lugares menos pensados, surgen las personas que sintonizan con ese proyecto: son los compañeros de ruta que nos van ayudar en ese intento, aunque sea poniendo un granito de arena, para que el mundo sea un poco mejor.

Tales son los casos concretos de muchos proyectos, en nuestro país y en el mundo, que desde una simple idea, se convirtieron en algo tangible, palpable.

Todos ellos tuvieron al comienzo un tamaño muy pequeño (como un grano de mostaza), y contaron con muy pocos recursos (cinco panes y dos pescados). En todos los casos había “algo” que hacía mover esos emprendimientos: la fuerza del Espíritu que unía a esas voluntades, generando así una energía que hacía mover a aquellos que estaban “quietos” o hacían cambiar de rumbo a aquellos que caminaban por trayectorias equivocadas.

El efecto “movilizador” que tienen estos emprendimientos para el bien común es innegable. Todos tenemos adentro de nuestro corazón esa chispa de Dios que nos inclina y nos “mueve” para el bien. Pero el mismo Dios ha dispuesto que los otros, nuestros hermanos, nos ayuden en ese intento de generar “movimiento” dentro de nosotros mismos.

Es por ello que seguimos en la tarea de aunar esfuerzos, ayudándonos mutuamente, a fin de que, en forma conjunta, podamos llevar a cabo distintas tareas en beneficio de la comunidad a partir de emprendimientos con objetivos concretos.

Fuente:
www.telemision21.com.ar